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21 de noviembre de 2010

EL SONETO


SONETO MANUSCRITO DE FEDERICO GARCÍA LORCA


EL SONETO


 
Es posible situar la aparición de la forma “Soneto” en los albores del Renacimiento, quizás un poco antes, según queramos creer que se origine con los trovadores de la lírica provenzal o en las plumas italianas. Si bien antes no existe rastro, a partir de los siglos XV al XVI se reproduce con elegancia y maestría en las manos de grandes poetas que en su condescendencia lo auparon como estrofa fundamental. Entre ellos, Dante Alighieri, Francesco Petrarca (en italiano); Ausias March (en lengua catalana); William Shakespeare (en inglés); el Marqués de Santillana, Garcilaso de la Vega, Juan Boscán, Francisco de Quevedo, Luis de Góngora y Argote, Lope de Vega (en los Siglos de Oro españoles); Pierre Ronsard, Charles Baudelaire, Paul Verlaine, Stéphane Mallarmé, Paul Valéry (en lengua francesa); Rubén Darío, Julio Herrera y Reissig, Antonio Machado, Miguel de Unamuno, Federico García Lorca, Miguel Hernández (en la poesía escrita en castellano en la época moderna y contemporánea); Pedro Prado, Gabriela Mistral, Miguel Arteche, Oscar Hahn (en Chile) y un larguísimo etcétera,  aportando cada uno variedades de soneto personalísimas.
Lo cierto es que se trata de una estructura reconocible a distancia por la disposición que presenta a la vista. Cuando contemplemos una construcción de catorce versos, distribuidos en dos estrofas de cuatro versos seguidos de dos estrofas de tres, sospecharemos estar ante un Soneto. Pero, como ya he dicho, existe variedad en su construcción. Si bien, la forma más clásica es la unión de dos cuartetos (ABBA) con dos tercetos y rima consonante, también existen sonetos con dos serventesios[1] (ABAB) -se dice que fueron los primeros- o por combinación de cuarteto y serventesio, y una cierta libertad en la manera de ligar los tercetos (por ejemplo: CDE/CDE; CDC/CDC; CDC/DCD), prefiriéndose que en estos nunca se dé rima consecutiva.
De todas formas, no es difícil encontrar peculiaridades históricas de sonetos con más de catorce versos como el “estrambote cervantino”, debido a la necesidad de continuar la idea, pensamiento o sentimiento expuesto, con trece como en Rubén Darío terminando en puntos suspensivos que dan por entendida la continuación o apuntan el tono pensativo, con pareados en los tercetos a la manera francesa, o las formas inglesas que rehúyen los tercetos componiendo el final con un serventesio más y un pareado final. Hay quien invierte el orden e inicia con los grupos de tres versos – el poeta simbolista Paul Verlaine- o quien los encadena en monorrima –Francisco de Quevedo- o incluso independiza la rima entre los dos grupos de cuatro versos -las variaciones de la escuela parnasiana francesa ABBA CDDC, con cuartetos, llamado “rima abrazada”; también “cruzada” si formamos en serventesios ABAB CDCD.
La medida métrica no es cuestión ociosa. Debe pensarse que toda composición lírica se concibe para ser cantada, o al menos, recitada. Por tanto, no es la sílaba escrita la que cuenta, al modo de la nota en el pentagrama, sino que es la pronunciada oralmente la que se vuelve fundamental. Más aún en el soneto, cuya raíz etimológica nos remite a “sonido” y “son” (en italiano Sonetto y en latín Sonus), esto es, armonía y melodía. La métrica en el soneto sigue la exigida del endecasílabo por los cuartetos, serventesios y tercetos. Ahora bien, no debe extrañarnos que en las épocas de reforma e innovación poética, demos con alteraciones como el soneto de arte menor o sonetillo, con un máximo de versos octosílabos en redondillas (abba) o cuartetas (abab) y tercetillas (a-a), dejando la puerta abierta al “pie quebrado” -soneto de cola-, o los heterosilábicos -también polimétricos- que combinan heptasílabos, eneasílabos y alejandrinos, como en el modernismo.
Estas libertades han dado lugar a un conglomerado de sonetos amétricos y blancos, esto es, sin una cuenta silábica regular o sin rima, marcando el ritmo de manera acentual similar al versículo (el caso más notable en la poesía chilena se manifiesta en los Cien Sonetos de Amor de Pablo Neruda).
Aunque el soneto es una composición estrófica fija, no se debe creer que sea absolutamente rígida. Como estamos viendo permite cierto grado de juego flexible junto a los acentos rítmicos, las pausas reflexivas y los recursos como el encabalgamiento, los cuales consienten variar la relación entre las partes anudando y desuniendo los versos de cada grupo sin romper su esquema métrico. Así mismo, al poner en juego los recursos morfosintácticos -fundamentalmente los efectos asindéticos o polisindéticos o el uso de repetición como anáforas, anadiplosis, epanadiplosis y paralelismos- fonéticos -como las aliteraciones- o semánticos -metáforas, metonimias y sinécdoques- el soneto gana en fluidez y riqueza expresivas o en intensidad.
Por lo general, la estructura del soneto guarda directa relación con la estructura del contenido, de modo que se trasmita un pensamiento o emoción en los dos primeros grupos de cuatro versos y se concluya en los dos últimos de tres, aunque como es posible variar las relaciones entre los versos y la colocación de los grupos, se puede desarrollar la temática con gran libertad. Es decir, en modo alguno el buen poeta se siente constreñido por el soneto, sino que lo maneja a su gusto, con gran versatilidad y lo adapta a su necesidad, aprovechando las garantías de armonía que la técnica otorga, aunque haga falta, evidentemente, la dosis de genio, de inspiración, ángel, duende, sensibilidad, tacto o como quiera calificarse, que ha de poner el autor.


La estructura básica de la rima es:


A------------------------------------------
B------------------------------------------
B------------------------------------------
A------------------------------------------

A------------------------------------------
B------------------------------------------
B------------------------------------------
A------------------------------------------

C------------------------------------------
D-----------------------------------------
C------------------------------------------

C------------------------------------------
D-----------------------------------------
D-----------------------------------------


O, como variante, en los últimos tercetos:


C------------------------------------------
D------------------------------------------
E------------------------------------------

C------------------------------------------
D------------------------------------------
E------------------------------------------



EJEMPLOS DE SONETO

 

FRANCISCO DE QUEVEDO

Amor constante más allá de la muerte

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;
mas no, desotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama el agua fría,
y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
médulas que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejarán, no su cuidado;
serán ceniza, más tendrán sentido,
polvo serán, más polvo enamorado.


[Miré los muros de la patria mía]

Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes, ya desmoronados,
de la carrera de la edad cansados,
por quien caduca ya su valentía.
Salíme al campo: vi que el sol bebía
los arroyos del yelo desatados,
y del monte quejosos los ganados,
que con sombras hurtó su luz al día.
Entré en mi casa; vi que, amancillada,
de mi anciana habitación era despojos;
mi báculo, más corvo y menos fuerte;
vencida de la edad sentí mi espada.
Y no hallé cosa en qué poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.


LOPE DE VEGA

[Un soneto me manda hacer Violante]

Un soneto me manda hacer Violante
y en mi vida me he visto en tal aprieto;
catorce versos dicen que es soneto;
burla burlando van los tres delante.
Yo pensé que no hallara consonante,
y estoy a la mitad de otro cuarteto;
mas si me veo en el primer terceto,
no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando,
y parece que entré con pie derecho,
pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho
que estoy los trece versos acabando;
contad si son catorce, y está hecho.


GABRIELA MISTRAL

Los Sonetos de la Muerte

I

Del nicho helado en que los hombres te pusieron,
te bajaré a la tierra humilde y soleada.
Que he de dormirme en ella los hombres no supieron,
y que hemos de soñar sobre la misma almohada.

Te acostaré en la tierra soleada con una
dulcedumbre de madre para el hijo dormido,
y la tierra ha de hacerse suavidades de cuna
al recibir tu cuerpo de niño dolorido,

Luego iré espolvoreando tierra y polvo de rosas,
y en la azulada y leve polvareda de luna,
los despojos livianos irán quedando presos.

Me alejaré cantando mis venganzas hermosas,
¡porque a ese hondor recóndito la mano de ninguna
bajará a disputarme tu puñado de huesos!


CÉSAR VALLEJO

Piedra negra sobre una piedra blanca

 

Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro-
talvez un jueves, como es hoy de otoño.

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.

César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro

también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos…



FEDERICO GARCÍA LORCA

Soneto de la dulce queja

Tengo miedo a perder la maravilla
de tus ojos de estatua, y el acento
que de noche me pone en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.

Tengo pena de ser en esta orilla
tronco sin ramas; y lo que más siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla,
para el gusano de mi sufrimiento.

Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío,

no me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi otoño enajenado.


MIGUEL HERNÁNDEZ

[Como el toro he nacido para el luto]

Como el toro he nacido para el luto
y el dolor, como el toro estoy marcado
por un hierro infernal en el costado
y por varón en la ingle con un fruto.

Como el toro la encuentra diminuto
todo mi corazón desmesurado,
y del rostro del beso enamorado,
como el toro a tu amor se lo disputo.

Como el toro me crezco en el castigo,
la lengua en corazón tengo bañada
y llevo al cuello un vendaval sonoro.

Como el toro te sigo y te persigo,
y dejas mi deseo en una espada,
como el toro burlado, como el toro.


JORGE LUIS BORGES

1964

II

Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
un instante cualquiera es más profundo
y diverso que el mar. La vida es corta
y aunque las horas son tan largas, una
oscura maravilla nos acecha,
la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
que nos libra del sol y de la luna
y del amor. La dicha que me diste
y me quitaste debe ser borrada;
lo que era todo tiene que ser nada.
Sólo me queda el goce de estar triste,
esa vana costumbre que me inclina
al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.


MIGUEL ARTECHE

El Café

Sentado en el café cuentas el día,
el año, no sé qué, cuentas la taza
que bebes yerto; y en tu adiós, la casa
del ojo, muerta, sin color, vacía.

Sentado en el ayer la taza fría
se mueve y mueve, y en la luz escasa
la muerte en traje de francesa pasa
royendo, a solas, la melancolía.

Sentado en el café oyes el río
correr, correr, y el aletazo frío
de no sé qué: tal vez de ese momento.

Y en medio del café queda la taza
vacía, sola, y a través del asa
temblando el viento, nada más, el viento.


ÓSCAR HAHN

La muerte está sentada a Los Pies de Mi Cama


Mi cama está deshecha: sábanas en el suelo
y frazadas dispuestas a levantar el vuelo.
La muerte dice ahora que me va a hacer la cama.
Le suplico que no, que la deje deshecha.
Ella insiste y replica que esta noche es la fecha.
Se acomoda y agrega que esta noche me ama.
Le contesto que cómo voy a ponerle cuernos
a la vida. Contesta que me vaya al infierno.
La muerte está sentada a los pies de mi cama.
Esta muerte empeñosa se calentó conmigo
y quisiera dejarme más chupado que un higo.
Yo trato de espantarla con una enorme rama.
Ahora dice que quiere acostarse a mi lado
sólo para dormir, que no tenga cuidado.
Por respeto me callo que sé su mala fama.
La muerte está sentada a los pies de mi cama.



PORTADA DE LA PRIMERA EDICIÓN DE LOS SONETOS DE WILLIAM SHAKESPEARE
 
[1] El serventesio es una estrofa compuesta de cuatro versos de arte mayor, generalmente endecasílabos, de rima consonante y alterna (ABAB). Su nombre procede del provenzal, ya que en la lírica trovadoresca se empleaba esta estrofa para la composición satírica denominada sirventés. El serventesio no suele utilizarse de forma aislada en las composiciones poéticas, sino combinado con otras estrofas: por ejemplo, en algunos casos, se utilizan los serventesios para la elaboración del soneto. Una variante del serventesio combina los versos endecasílabos con heptasílabos.